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  • Vago Flores

EPIDEMIA: "Pájaro en el cable"

Me acostumbré a la oscuridad. El día ya no es más que los momentos que paso despierto, ocupado. La noche, en los que duermo.


En algún momento estrellé el reloj contra las paredes. Recuerdo que fue por los días en que te conocí, no antes.


El día que anunciaron la epidemia, lo primero que empaqué fue el calendario y el reloj de cuerda de la cocina. Al menos las hojas del calendario me sirvieron para limpiarme el culo.


Todavía rondó cerca del rincón de mierda y fantaseo con las fechas. Hoy leí que podría ser diez de julio, un año después de que todo empezó.


Ese día, el del anuncio, yo estaba trabajando en mi carro, pedazo de chatarra, y lo escuché en la radio: “Atención a todos los ciudadanos, esto no es un simulacro. Por disposición oficial, la Secretaría de Salubridad, en conjunto con el Gobierno Federal…” y más mamadas. ¿Tú dónde estabas?


La raza empezó a correr por las calles, leer la biblia, rogar, zaquear, matar, en fin, a ser más hombres, ¿no? Yo sólo empaqué mi calendario, mi reloj y otras chingaderas y me encerré en este búnker. Mis conocidos querrían asilo, comida, cobijo. Dejé el celular en la casa.


Creo que los peores días fueron los primeros. Uno tiende a no dimensionar el paso del tiempo, ¿sabes? Ni el hambre. Me la pasé tragando y masturbándome, qué más.


Con el tiempo empecé a armar estos… ¿adornos? No sé cómo quieras llamarles. Empecé a cavar un hoyo y a recolectaba los restos de las latas, sus etiquetas, madera y piedras y tierra. Con eso bastaba. Ahora que los veo no están tan mal. Me gusta pensar que cuando salga podré venderlos para vivir; ignoro si la gente querrá comprarlos. Supongo que los adornos no serán prioridad.


De hecho, ese día, cuando te conocí, estaba armando justo éste. Es un pájaro. Mira, si lo cuelgo de estos cables, parece que vuela, ¿no? Si lo quieres es tuyo.


Tuyo…


¿Podrás perdonarme? Sé que te dejé afuera. No quiero que pienses que te olvidé. Sabía que estabas ahí. Todo este tiempo. Pero no podía abrir, ¿lo entiendes?


Si en su momento me atreví fue porque necesitaba. Porque sabía que ahí seguías. Te necesitaba. Esos primeros días… la comida, el hambre. Te necesito.


Te juro que aguanté tanto como pude. No tengo más fuerza. No quiero hacerlo aquí. Te llevaré a algún lugar con buena vista. Debajo de un árbol. Será rápido. Colgaré el pájaro de una rama, arriba de ti.


Sólo tengo que abrir la puerta. Tengo que poder moverla de nuevo.


No quiero hacerlo aquí, sin distinguir tus ojos de la oscuridad, sin saber que te dejaré dormir.

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No todo lo que escribo es seda.

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