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  • Vago Flores

"Mrs. Percy B. Shelley" mis güevos

Mi Duende y yo empezamos a ver películas todas las noches. Nos vale madre si nos quedamos dormidos en el proceso. Aunque cada día elegimos una, anoche hice trampa.


Empezamos con Casablanca [gracias por recomendármela; sí está cabrona]. “Chingona”, no necesito buscarle más adjetivos. Aunque la actuación, evidentemente, se siente impostada y plástica —más teatral que cinematográfica—, se le perdona por la época. Aún así, los diálogos son O-TRO pedo; me sentía escuchando una novela de Hemingway o Fitzgerald, toda la influencia de la literatura de los exiliados: contundentes, profundos, carismáticos…


Es obvio que ninguno de los dos se podía dormir después de semejante tanque cinematográfico. En esos casos, recurrimos a clásicos de terror y, cómo no, le puse Frankenstein por primera vez. Por supuesto, como ya lo debes saber, la de Boris Karloff. La he visto decenas de veces; crecí con ella, con la novela, con los pósters como fondo de pantalla…


Aún así, anoche me sorprendí. Eran los primeros segundos. Mi Duende se acomodó entre las cobijas. Yo me estiré y prendí un cigarro. Empiezan los créditos iniciales y le destaco algo divertido: el crédito de “The Monster” está anónimo, con un gran y notorio “?”. Sin embargo, ella no lo alcanzó a ver; se distrajo prendiendo su propio cigarro.


Sin pedo me levanté y regresé el tiempo. Lo regresé de más, hasta los créditos de producción. Algo más destacó en la pantalla:


“From the novel by Mrs. Percy B. Shelley"

Primero me reí: era absurdo. Absurdo. Pensar en Mary Wollstonecraft Shelley como la señora de Percy Byshee Shelley. Se le adjudica no sólo la primera novela de ciencia ficción, sino uno de los pilares narrativos de la historia moderna, una de las mejores novelas jamás escritas, una historia tormentosa, pero sólo era la mujer de alguien. La propiedad de un hombre.


—¿Neta hicieron esa mamada? —escuché detrás de mí. Ahora escibiendo esto, me avergüenzo de mi risa. Me avergüenzo de los nervios, del absurdo, de no. Comprendo —a medias— el contexto histórico y cultural de hace cien años, de hace doscientos; por eso escribo esto: lo comprendo, mas no lo defiendo, ni lo haré. Si no puedo corregir los errores pasados, CHINGO A MI MADRE si no intetaré corregir los presentes. Así que escribo gritando:


MARY WOLLSTONECRAFT SHELLEY.


KAREN BLIXEN.


VIRGINIA WOOLF.


SUSAN SONTAG.


REMEDIOS VARO.


AMPARO DÁVILA.


JOSEPHINE NIVISON.


JANE AUSTEN.


MARY ANN EVANS.


MAESTRAS BRÖNTE.


MARGARET KEANE.


NELLE HARPER LEE.


AGATHA CHRISTIE.


SHIRLEY JACKSON.


GERTRUDE STEIN.


GEORGIA O’KEEFFE.


LOUISA MAY ALCOTT.


ARUNDHATI ROY.


ANNE RICE.


Podría continuar. Callo porque prefiero leer tus propuestas: qué mujeres te influyeron, te marcaron.


Esta publicación no significa nada. No hace ninguna diferencia. La diferencia la hago yo y la haces tú, dándole su lugar a estas grandes creadoras y personas. Dando su lugar a las actuales. Aprendiendo a callar y a apreciar.

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No todo lo que escribo es seda.

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