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  • Vago Flores

Navidad sin nombre

Esta dívague no tendrá título ni portada. Respiro el aire de mis tierras y no traje mi equipo de trabajo. Sentado en la barra de la cocina, platico con la Rata mientras cocina. Ninguno de los dos planeaba pasar la Navidad aquí, pero a veces la sangre pesa más que el agua. O en este caso, que el virus.


El aceite borbotea desde la estufa y ya manchó mi celular. Practicamente la cena está lista, su aroma inunda cada habitación de la casa, mis tripas piden clemencia —quieren atascarse ya—; se preparó para un batallón, cuando sólo somos seis personas.


Sonrío.


Este año que ha sido una patada en los güevos para la mayoría, en el que mi ansiedad asechó en cada rincón frío, en que la gente murió y sobrevivió a medias, sonrío.


No sé si es cínico, absurdo, idealista o sólo idiota. Quizá todas; no me importa. Me aferraré al sentimiento tanto como pueda, tal como lo hace la ansiedad. Es una cadena alimenticia, ¿no?


En cualquier caso, sólo quería escribirte, cabrón, dalia o quien tú seas, para compartirte mi sonrisa —me pongo cursi, cómo no—, y esperar leer la tuya pronto.


Fiestas perversas.


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No todo lo que escribo es seda.

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