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  • Vago Flores

PÚA: "Gorda"

No podía respirar. El poco aire que quedaba se me escapó detrás de la puerta que cerré. Me derrumbé en el piso, aferrada a mi pecho, aferrada la fugaz realidad que me rodeaba.


No llores. Por favor no… Lloré. Los mocos me ahogaban, se entrometían por la garganta, sobre los labios, intenté limpiarlos con el dorso de la mano, pero sólo me embarré la quijada.


Me rehusaba a quedarme ahí tirada. Con esfuerzo, me sostuve de una mesa junto a mí. Me tronaron las rodillas. Apoyé ambas manos en el filo y cargué el peso de mi espalda.


Entonces, las voces regresaron. No se conformaron con acechar desde lo profundo, desde el pasado que tanto me esforcé por dejar atrás. Cual estruendo, golpearon mis extremidades, gritaban al oído, se cogieron de mis hombros, rasgaron mi piel por ambos lados.


Gorda.


Repudié elevar la mirada, sabía lo que había en la mesa. Esa maldita fotografía, a un lado de la tocadiscos empolvado. Por más que intenté deshacerme de ella, algo siempre me detenía. La pinche nostalgia, el recuerdo de su cara sonriente, el dolor, el consentimiento de lo que escuché por tantos años.


Caí de nuevo. Afligida me recargué en la mesa y aprecié el pasado frente a mí. Él entrando cada mañana, quedito, para no arruinar la sorpresa; colocaba el disco de Aretha en la tornamesa, se saltaba la primera canción y, antes de que escuchara cualquier nota, cualquier verso, su voz deseándome un buen día, incluso, el ruido blanco de la púa contra el acetato, ese siseo constante, me despertaba. Cada mañana sabía solamente que él siempre me sonreiría.


The moment I wake up,

Before I put on my makeup

I say a little prayer for you…


Me susurraba al oído y yo fingía no escuchar para que él me siguiera cantando, para seguir siendo su niña por la mañana antes de ir a la escuela.


Corrí hasta el marco, lo sujeté sin fuerza y, aún sollozando, lo estrellé contra el rincón, sobre mi librero. Cayeron cajas, papeles, peluches…


Cansada, me encaminé para recoger y vi su rostro. La sonrisa despreocupada, el suéter verde, el título Now. No pude no sonreírle de vuelta, sería no sonreírle a él. Apreté la portada contra mi pecho, amarga.


Maldita sea, ¿por qué siempre me das estas sorpresas? No entendía que ya no era esa niña, que los años pasaron y que él ya no estaba conmigo, que ya no importaban sus palabras de aliento, los bailes en pijama, ya no importaba nada…


Now.


Me dejó sin opción. Regesé a la puerta y dudé en colocar el disco. Antes me encorvé un poco para soplar el polvo del aparato. Escuché el crujir de la púa, sin fijarme dónde la dejé corriendo.


Darling, you send me

Darling, you send me

Darling, you send me


Mi cabeza empezó a ladearse al ritmo de la música, los párpados se cerraron. Volví a medir metro y medio, en camisón verde, con el cabello despeinado. Las manos alzadas, al compás de la música; cadera al son de los versos.


El recuerdo me tomó de la cintura, cálido, y me guió al centro de la habitación. Me levantó cual pluma alrededor. Bailé. Bailé sin pensar en el tiempo, ni las voces, ni el recuerdo, sola yo y la música, hasta sonreír. En algún momento me dejé ir, empecé a tronar los dedos, zacudir los hombros y, simplemente, bailotear alrededor.


"Al carajo. Al carajo lo que digan, la gordura, mi llanto… Al carajo su ausencia", grité en voz alta, sin importar quién pudiera escucharme. Le subí el volumen a la canción, regresé la púa a la segunda canción y redescubrí la foto juntos. Yo, abrazada a su barriga; él, restregando mis cachetes, y los dos sonriendo.

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No todo lo que escribo es seda.

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